jueves, 15 de noviembre de 2012

Domingo 7


Domingo 7 es un dramatizado radial producido por los estudiantes del grado décimo de la Institución Educativa Nuestra Señora del Carmen, en los talleres de literatura (Literardota) y de medios de comunicación.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Mi experiencia en el Atanasio

 Dana Isabel Jane Piedrahita

Todo comenzó con una oportunidad laboral para mi madre y nos mudamos para Girardota –pueblo en el que nunca imaginé estar viviendo-. Buscamos cupos en colegios, el único que los tenía era el Atanasio Girardot, el bonito, el de las zonas verdes y los árboles. Recuerdo cuando inicié, qué momento tan incómodo, todos me observaban. Unos me sonreían. Otros me miraban feo. Los profesores, iguales en todas partes, con sus mismos refranes, sus mismas actividades, en fin. Me fue fácil adaptarme, todo estaba muy bien. Pero nunca me sentí del Atanasio Girardot, apenas fue este año que comencé a fijarme donde estaba parada, me di cuenta de cosas que me gustaron al instante mismo, otras con las cuales no estuve de acuerdo y que después fueron expresadas. Hasta hoy mi experiencia en este colegio ha sido buena, algunos profesores me han llegado, como Libardo Echeverry, que aún me cautiva con sus discursos sobre economía, política, sociales, etc. Diego Jaramillo, que a pesar de sus  malas caras a veces saca sus sonrisas. Pero muy buenas clases, al menos aprendí a defenderme en matemáticas. Nicolás Gallego, nos da religión, química y artística, lo más bacano de todo es que no combina las materias. Cuando es religión conoces al NIco espiritual. Cuando es química él se convierte en químico, cuando es artística unos cuantos le siguen el  paso. Sandra nos da filosofía, donde se aprende, se expresa lo que sea y escuchas. A la coordinadora Olvida no se le olvidaré, todos los días bien elegante, a veces regañona, otras veces chistosa, ella es muy buena persona. Este es mi último año y da un poco de nostalgia dejar este lugar, pero en él quedará un poco de mí y mis compañeros. Como las obras de arte en el pupitre, nuestros nombres en las paredes y un poco de la esencia de cada uno. A los profesores quizá les quede el recuerdo de los estudiantes a los que regañaban, jalaban orejas y felicitaban. Todos estos momentos quedarán en mi mente y corazón, pues aquí termina mi experiencia en el Atanasio Girardot, lo que sigue es otro cuento.