miércoles, 26 de septiembre de 2012

El rumor de los pasillos

Ejercicio de Observación al interior del colegio. La crónica es la mejor manera de relatar experiencias personales, con datos tomados de la vida cotidiana. 

Uno que anda por ahí
Estaba por el área de los baños y una niña y un niño se me acercaron y se me sentaron al lado, preguntándome por lo que hacía. Le respondí que un trabajo del taller de medios.
Se quedaron a mi lado, preguntando -de nuevo- que si estudiaba, en qué salón, en qué año estaba, si tenía novia. Casi me preguntan hasta de qué me voy a morir.
Pasaron 5 minutos después de este interrogatorio y veo a dos señores colocando unos tubos de color verde y me pregunto si es lo mismo que hay en el patio interno: cámaras.
Me acerco al baño y veo a 2 niños hablando y me preguntan si he visto Ben10, y les respondo que algunos capítulos.
Dicen algo de unos monstruos gigantes extraterrestres que salen de un reloj y transforman a un joven en bestia. También dicen que ellos quisieran  un tal “ovnitrix” y les pregunto eso qué es, me dicen que es el reloj de Ben10.
Me adentro hacia los baños y veo unas frases un poco borrosas: “Todos los de este colegio son HP”, entre otras que no logro descifrar.  Me pregunto cómo un lugar donde uno puede estar tranquilo, hacer sus necesidades, meditar, de pensamiento y de vuelos, como dicen algunos amigos, lo tienen que rayar con bobadas, en lugar de hacerlo con palabras inteligentes y sabias.
Salgo y me encuentro con una estampida de niños corriendo, jugando, comiendo y hasta llorando. Me acerco al que está llorando y le pregunto qué le pasa. Me responde que la profesora lo regañó  y le puso una nota en el cuaderno porque en una evaluación se puso a jugar con un borrador y un lápiz, como si fueran carritos.
Un minuto después suena el timbre y de un lugar tranquilo, silencioso, paso a un lugar  infestado de niños y niñas. Todo el mundo corre. Nadie se queda callado. Veo maestros regañando, niños comiendo, haciendo travesuras, miles de cosas.
Todos los niños me preguntan una y otra vez qué estoy haciendo. Me parecen muy espontáneos, son muy libres en sus formas de decir las cosas. Lástima que acá en el colegio los profesores hagan que se vuelvan tímidos y callados, porque eso es lo que se ve en los estudiantes grandes. No preguntan, se quedan con la duda. Bueno, la bulla se me hace algo incomoda, gritos por un lado y por el otro.
Pablo

El otro visitante
En el patio interno se ubican las personas a descansar, porque es uno de los lugares del colegio más silencioso. A veces algunas personas juegan fútbol en el patio, desatinando la autoridad, porque en cualquier momento puede aparecer la coordinadora, una señora que molesta por todo. Y según ella, todo lo que uno hace está mal hecho o no se puede hacer.
Allí se construyen muchos romances, las personas caminan por sus corredores, algunos entran a la sala de profesores a hablar con ellos sobre sus notas, sobre la próxima clase o sobre cualquier bobada. Otras personas entran a la biblioteca, algunos a hacer tareas, otros a meterse al facebook, otros a hacer algún trabajo que les pusieron porque están castigados, pero muy pocos entran a leer.
Las personas que habitan el patio, solo lo habitan y no se dan cuenta de las muchas cosas que se encuentran en él. Hay seis canecas de basura, casi todas dañadas. Carteleras, en las cuales nos dicen qué tenemos que hacer, como comportarnos. En otras nos tratan a los estudiantes como sus clientes y otras nos incitan a leer. La mayoría de ellas no son leídas. En una pared se encuentra una virgen y un niño Jesús, los dos sin ojos. En el centro del patio una matera, con todas sus plantas ya casi muertas. Por las vidrieras de la galería, se observa una exposición de arte, la cual se puso apenas esta semana.
En las paredes y pisos hay grafitis y mensajes, como por ejemplo: “Sebas”, “Tanga”, “Patocha”, o “El parche... Naty... vale... Mafe... Manu... Dany... Diana” Y en los techos dos cámaras que apenas están instalando, las cuales no sé ni para qué servirán.
Sebastian Villa

Tanto donde reciclar y tan poco  reciclaje
¡Que se hagan las basuras! Dice proféticamente el timbre al descanso. ¡Que se arrojen en las canecas respectivas! Dicen los directivos.
Y uno las recoge y las separa por calidad, condición, no calidad y no condición, como buen samaritano.
Uno cree que hace el bien por el planeta, uno cree que lo salva -al menos un poco-  pues cada vez hacen más campañas y hay más canecas nuevas y más carteleras.
Sin hablarnos, eso sí, de los verdaderos contaminantes en masa, los que se van comiendo nuestras montañitas y nuestros valles, con sus falsas nubes y sus brumas mañaneras (aprovechan los días nublados, como hoy, para hacerle competencia a “diosito creador de nubes”).
Pero claro, a ellos no les interesa que nos pongamos en contra de los que le colaboran al colegio, con convenios para “preparar” estudiantes  para la maquinita de producción en masa: ellos mismos. No harán campañas contra los grandes contaminantes, en cambio sí te regañaran sino recoges una servilleta, o un pedazo de papel de aluminio o cualquier otra cosa.
Uno sabe todo esto, pero se deja llevar creyendo que puede hacer algo, separando las basuras, recogiendo de por ahí pedacitos de todo, inservibles o servibles, como creyendo que ayuda a alguien.
Y entonces… llega don Pedro, el señor del aseo, a desocupar las canecas regadas por todo el lugar, y ve uno que las vacía, indistintamente, en una misma bolsa. Uno se enoja y sigue reciclando… he ahí el verdadero ciclo.
Simón Ramírez




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